Hoy en día, Internet
forma parte de nuestras vidas. Dicho de otra forma, nuestra vida
cotidiana está compuesta por muchas acciones, y algunas o muchas de
estas acciones se relacionan con Internet de alguna forma. Esto es un
hecho, la tecnología avanza y nos facilita la vida, por lo que es
difícil prescindir de la tecnología.
En Internet confluyen
cientos de miles de millones de personas, el coste de estar conectado
a la red es un precio que estamos dispuestos a pagar, ya sea mucho o
poco, no queremos renunciar a este tipo de servicio. El uso masivo de
este medio deriva en muchas ventajas, pero también en algunas
desventajas o problemas.
En la naturaleza del ser
humano, encontramos muchas virtudes, pero también en muchos
defectos. Tal vez lo más peligroso, en una red tan grande con tantas
personas, es que los defectos de muchas personas pueden ser
aprovechados por otras, con el objetivo de beneficiarse de alguna
forma (económica normalmente). Esto en si no es un problema, como
tal, es una de las bases del comercio. El problema surge cuando el
aprovechamiento se realiza en un marco de ilegalidad. Es entonces
cuando entra en juego la seguridad en Internet.
Cuando un usuario de
Internet navega por la red, entran en juego multitud de elementos
para que su experiencia sea satisfactoria, más de los que puede
imaginarse, como por ejemplo cuando un usuario quiere buscar en
Internet cual es la farmacia abierta más cercana a donde se
encuentra. El proceso de cara al usuario es simple, él utiliza un
navegador web, un buscador, y selecciona un enlace con la información
que necesita. En ningún momento piensa en todo lo que pasa “por
debajo” para que el pueda ver cual es la farmacia más cercana.
Este proceso, entre otras cosas es lo que desarrollaré a lo largo de
este documento.
Para el usuario, existen
muchas posibilidades para llegar a la información que buscan. Estas
posibilidades engloban el uso de diferentes navegadores web,
diferentes motores de búsqueda y diferentes redes. Aunque el tráfico
principal se centra en la World Wide Web, existen redes superpuestas
que utilizan protocolos y puertos “no estándar” sobre la red
subyacente y se conocen como “Darknet” o “Deep Web”. Estas
redes operan aparte de las redes públicas y sus contenidos se
mantienen inalcanzables para el público en general de la rede
subyacente, es decir, son privadas.
Cuando un usuario se
conecta a la web, tiene asociados unos datos que lo identifican
dentro de Internet. Del mismo modo, existen otros tipos de redes, que
lo que buscan es que el usuario se vuelva “anónimo” a la hora de
navegar. Entre estas redes encontramos las redes peer-to-peer o red
entre iguales anónimas, o las redes Onion. Las redes peer-to-peer
anónimas son un tipo particular de red P2P en la que los usuarios y
sus nodos son pseudoanónimos por defecto. Por otro lado el
encadenamiento de cebolla u Onion routing, está orientado a
preservar la privacidad de las redes de forma transparente a las
entidades que se comunican.
Respecto a estas últimas,
existe un aire de misticismo que las envuelve. La red posee su propia
cultura, y parte de ella la forma la “Deep Web”. Existen multitud
de historias sobre esta, fundadas principalmente en el principio de
privacidad que trata de buscar el Onion routing. En este documento,
trataré de arrojar algo de luz a estas historias, en la medida de lo
posible.
La red es libre.
Matizando esta frase, descubrimos que Internet es una red abierta y
accesible por todos. Está basada en protocolos gratuitos, como el
TCP/IP, y no existe ningún organismo que pueda imponer sus normas,
es uno de sus principios más importantes. En los últimos años
encontramos medidas impulsadas por diferentes gobiernos mundiales
para tratar de ejercer el control sobre los contenidos que se
difunden en la red, implantados con mayor o menor éxito, de los que
más adelante hablaremos. El caso es que aunque la red es “libre”
en su definición, no está exenta de cumplir con las leyes de cada
país. En este sentido, contaremos con la opinión de agentes de las
fuerzas del estado, respecto a los delitos cometidos en Internet, los
llamados delitos telemáticos.
A pesar de existir muchos
estudios, la mayoría son muy específicos, y es necesario cierto
nivel de comprensión y de conocimientos que el usuario “de a pie”
probablemente desconozca o no tenga. Es necesario un estudio que
englobe el resto, para que el usuario final conozca ambas caras de la
moneda, de una forma lo mas sencilla posible.
El mundo de la seguridad
en Internet es muy extenso, y existen multitud de datos dispersos. Es
conveniente un estudio para dar una explicación a esos datos, apta
para todos los públicos, ya que la seguridad no es un privilegio
para los más “entendidos”, sino un derecho para todos.
Según los datos de
comScore, 17 millones de españoles navegaron diariamente en
diciembre de 2012, un 9% más respecto al año anterior.







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