miércoles, 24 de julio de 2013

Justificación

Hoy en día, Internet forma parte de nuestras vidas. Dicho de otra forma, nuestra vida cotidiana está compuesta por muchas acciones, y algunas o muchas de estas acciones se relacionan con Internet de alguna forma. Esto es un hecho, la tecnología avanza y nos facilita la vida, por lo que es difícil prescindir de la tecnología.

En Internet confluyen cientos de miles de millones de personas, el coste de estar conectado a la red es un precio que estamos dispuestos a pagar, ya sea mucho o poco, no queremos renunciar a este tipo de servicio. El uso masivo de este medio deriva en muchas ventajas, pero también en algunas desventajas o problemas.

En la naturaleza del ser humano, encontramos muchas virtudes, pero también en muchos defectos. Tal vez lo más peligroso, en una red tan grande con tantas personas, es que los defectos de muchas personas pueden ser aprovechados por otras, con el objetivo de beneficiarse de alguna forma (económica normalmente). Esto en si no es un problema, como tal, es una de las bases del comercio. El problema surge cuando el aprovechamiento se realiza en un marco de ilegalidad. Es entonces cuando entra en juego la seguridad en Internet.

Cuando un usuario de Internet navega por la red, entran en juego multitud de elementos para que su experiencia sea satisfactoria, más de los que puede imaginarse, como por ejemplo cuando un usuario quiere buscar en Internet cual es la farmacia abierta más cercana a donde se encuentra. El proceso de cara al usuario es simple, él utiliza un navegador web, un buscador, y selecciona un enlace con la información que necesita. En ningún momento piensa en todo lo que pasa “por debajo” para que el pueda ver cual es la farmacia más cercana. Este proceso, entre otras cosas es lo que desarrollaré a lo largo de este documento.

Para el usuario, existen muchas posibilidades para llegar a la información que buscan. Estas posibilidades engloban el uso de diferentes navegadores web, diferentes motores de búsqueda y diferentes redes. Aunque el tráfico principal se centra en la World Wide Web, existen redes superpuestas que utilizan protocolos y puertos “no estándar” sobre la red subyacente y se conocen como “Darknet” o “Deep Web”. Estas redes operan aparte de las redes públicas y sus contenidos se mantienen inalcanzables para el público en general de la rede subyacente, es decir, son privadas.

Cuando un usuario se conecta a la web, tiene asociados unos datos que lo identifican dentro de Internet. Del mismo modo, existen otros tipos de redes, que lo que buscan es que el usuario se vuelva “anónimo” a la hora de navegar. Entre estas redes encontramos las redes peer-to-peer o red entre iguales anónimas, o las redes Onion. Las redes peer-to-peer anónimas son un tipo particular de red P2P en la que los usuarios y sus nodos son pseudoanónimos por defecto. Por otro lado el encadenamiento de cebolla u Onion routing, está orientado a preservar la privacidad de las redes de forma transparente a las entidades que se comunican.

Respecto a estas últimas, existe un aire de misticismo que las envuelve. La red posee su propia cultura, y parte de ella la forma la “Deep Web”. Existen multitud de historias sobre esta, fundadas principalmente en el principio de privacidad que trata de buscar el Onion routing. En este documento, trataré de arrojar algo de luz a estas historias, en la medida de lo posible.

La red es libre. Matizando esta frase, descubrimos que Internet es una red abierta y accesible por todos. Está basada en protocolos gratuitos, como el TCP/IP, y no existe ningún organismo que pueda imponer sus normas, es uno de sus principios más importantes. En los últimos años encontramos medidas impulsadas por diferentes gobiernos mundiales para tratar de ejercer el control sobre los contenidos que se difunden en la red, implantados con mayor o menor éxito, de los que más adelante hablaremos. El caso es que aunque la red es “libre” en su definición, no está exenta de cumplir con las leyes de cada país. En este sentido, contaremos con la opinión de agentes de las fuerzas del estado, respecto a los delitos cometidos en Internet, los llamados delitos telemáticos.

A pesar de existir muchos estudios, la mayoría son muy específicos, y es necesario cierto nivel de comprensión y de conocimientos que el usuario “de a pie” probablemente desconozca o no tenga. Es necesario un estudio que englobe el resto, para que el usuario final conozca ambas caras de la moneda, de una forma lo mas sencilla posible.

El mundo de la seguridad en Internet es muy extenso, y existen multitud de datos dispersos. Es conveniente un estudio para dar una explicación a esos datos, apta para todos los públicos, ya que la seguridad no es un privilegio para los más “entendidos”, sino un derecho para todos.

Según los datos de comScore, 17 millones de españoles navegaron diariamente en diciembre de 2012, un 9% más respecto al año anterior.

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