El pasado 7 de marzo de
2013, tuve la oportunidad de asistir a una jornada sobre Seguridad y
Redes Sociales en el centro Nazaret, de San Sebastian. En esa
jornada, Iñaki Pariente de Prada, director de la Agencia Vasca de
Protección de Datos (AVPD), hacía una ponencia muy interesante bajo
el título “Redes Sociales, Internet y la privacidad de las
personas: ¿un conflicto permanente?”, grabada y disponible
en el portal Youtube.
La ponencia se desarrollaría en el siguiente
marco:
![]() |
| Fuente: soxialmedia.com |
“En
esta conferencia haremos, de una forma lo más amena posible, un
breve repaso por los orígenes de la privacidad de las personas, y el
debate en el que nos encontramos actualmente cuando se ha
multiplicado el uso de las nuevas tecnologías y de Internet como
forma habitual de relación entre las personas.
En
este debate, hay que reivindicar un equilibrio adecuado entre ambos,
tecnología y privacidad, promoviendo el uso de las nuevas
tecnologías en los entornos adecuados y con las medidas de seguridad
y privacidad que son necesarias, sin limitar las funcionalidades y
usos que tienen estos mecanismos, redes sociales y otras formas de
comunicación que fomentan y mejoran en muchos casos las relaciones
interpersonales.
En
medio de este debate se encuentra la protección de los datos de las
personas, de lo que también hablaremos en esta conferencia, así
como la defensa y prevención ante los malos usos y los posibles
perjuicios que se pueden ocasionar a algunos grupos sociales que por
distintos motivos son de mayor riesgo.”
Cuando usamos las redes sociales, se tiende a confundir dos términos respecto a la protección del usuario. Hablamos de seguridad y privacidad. Son dos cosas diferentes aunque generalmente se usan para decir lo mismo. Podemos decir que las redes sociales son seguras, como cualquier otra web, ya que usan protocolos de seguridad en la navegación, como HTTPS, para conectarte a tu perfil, y en el caso de tener aplicaciones, como Facebook o Twitter, estas tienen que pasar por un control previo antes de ser aprobadas.
Por ejemplo, Twitter
tiene un espacio dedicado a los desarrolladores, interesados en
integrar Twitter en sus aplicaciones. Las formas más comunes de
interactuar con la plataforma son las clásicas ventanas emergentes
para enviar tweets, y los botones de tweet o follow, usando código
básico HTML o Javascript. Pero Twitter permite integraciones más
complejas, ya sea para monitorizar determinados términos o hashtags,
timelines, etc. o para seguir un evento en streaming.
He
intentado contactar con el departamento de desarrolladores para
conocer que procesos deben pasar las aplicaciones para Twitter,
pero al carecer de métodos directos para contactar con ellos, la
única respuesta que he recibido es que me registre en su programa
para desarrolladores y que suba mi aplicación, por lo que si quiero
saber como funciona tendría que, efectivamente, crear una
aplicación. Si nos atenemos a las noticias que hemos podido leer
durante estos meses de 2013 (ver
Anexo),
muchas
aplicaciones escapan al control y pueden hacer estragos en nuestras
cuentas antes de que Twitter suspenda su acceso a la aplicación. Un
ejemplo lo encontramos con una aplicación que mandaba mensajes
directos en Twitter
con nuestra cuenta sin nuestra autorización.
“El
ecosistema de Twitter contiene cientos de miles de aplicaciones
interesantes desarrolladas por terceros, diseñadas para mejorar tu
experiencia de Twitter. Las aplicaciones de terceros te permiten
hacer cosas como compartir tus Tweets automáticamente en otras
redes, conectar con jugadores en plataformas de videojuegos, o hacer
Tweets instantáneos cuando actualizas tu blog.
Una
aplicación de terceros te ayuda acceder a tu cuenta de Twitter a
través de un proceso de permisos. Hoy estamos anunciando una
actualización que te ayudará a hacer una elección más informada
sobre la forma en que las aplicaciones de terceros se integran con tu
cuenta de Twitter:
Más
control
A
partir de hoy, te damos más control sobre la información que
quieres compartir con aplicaciones de terceros. Las aplicaciones que
usas y que tienen acceso a tus mensajes directos te pedirán permiso
para conectar con tu cuenta de nuevo. Para el final del mes, las
aplicaciones que no necesitan acceso a tus mensajes directos ya no lo
tendrán, y podrás seguir usando estas aplicaciones como antes.
Pantalla
de permisos con más detalles
Cuando
autorizas una aplicación para acceder a Twitter por primera vez, te
daremos más detalles sobre lo que estás permitiendo a la aplicación
hacer con tu cuenta. Estas actividades podrían incluir leer tus
Tweets, ver a quién sigues, actualizar tu perfil, hacer Tweets a tu
nombre, o acceder a tus mensajes directos. Si no estas cómodo con el
nivel de acceso que una aplicación te pide, simplemente puedes decir
"No, gracias."
Hemos
estado preparando estos cambios en respuesta a las solicitudes de
usuarios y desarrolladores, quienes nos han pedido un mayor nivel de
claridad y control. Para ver o hacer cambios a la lista de las
aplicaciones que has aprobado, visita la página de “Aplicaciones”
en tu cuenta de Twitter.”
Aun así, estamos en el
problema (ético), por parte de las grandes compañías, de que con
estas soluciones se lavan las manos y dejan que el problema sea del
usuario, que no lee o no sabe leer. Es un tema especialmente
peliagudo, ya que el boom de las Redes Sociales en particular, y de
la tecnología en general, ha pillado en pañales la educación de
muchos, respecto a la importancia de leer que es lo que permitimos
que hagan los programas que utilizamos.
Aunque las webs de las
redes sociales, en general, son seguras siguen siendo susceptibles de
ataques. Los más probables o plausibles son los ataques de phishing
o suplantación de identidad, en los que mediante ingeniería social,
el phiser obtiene los datos del usuario accediendo a su cuenta de
forma no permitida. Otro de los ataques más frecuentes que podemos
ver, en estas redes tan grandes son los ataques de denegación de
servicio o DDoS (en inglés Distributed Denial of Service), en los
que básicamente los atacantes buscan saturar los servidores e
impedir que los usuarios puedan conectarse a la red social. (ver
Anexo)
Un fenómeno, que con el
paso ha ido aumentando según los estudios de empresas como
Kaspersky, es el de que los hackers personalizan sus ataques con la
información de las redes sociales. Extrayendo un fragmento de esta
noticia en el diario La Razón:
“La
geolocalización y la información de las redes sociales se han
convertido en un gran aliado para los ciberdelincuentes, que utilizan
la ubicación de los usuarios para sus ataques. Se ha comprobado que
antes de lanzar ataques, los ciberdelincuentes filtran a sus víctimas
siguiendo criterios como lugar de residencia, hobbies, idioma o
intereses específicos.”
Es algo que va unido con
el término privacidad. Hoy en día hacemos vida on-line y vida
off-line. Algo que se ha puesto de manifiesto es que lo que antes
contábamos a nuestros familiares y amigos en persona (vida
off-line), ahora lo ponemos en nuestro perfil de Facebook o lo
comentamos en Twitter en 140 caracteres. Más allá de lo que hagan
las empresas que están detrás de cada red social con nuestros
datos, eso que contamos de nuestra vida lo puede leer prácticamente
cualquiera. Es algo que comentaba Iñaki Pariente de Prada en su
ponencia, en muchas ocasiones el usuario no es consciente del filtro
de privacidad que le aplica a sus datos en las redes sociales, y
argumentaba que tal vez deba ejecutarse un cambio en la política de
las empresas, que en vez de ofrecer un filtro débil de privacidad
(es decir, que lo pueda ver cualquiera), que por defecto nos ofrezcan
la máxima restricción y que sea el usuario el encargado de
cambiarlo a su gusto.
Aun así, las redes
sociales han magnificado las relaciones entre personas, cuando antes
tenías veinte o treinta amigos ahora tienes doscientos o
trescientos. Cuando antes, tus ideas y tus comentarios iban dirigidos
a tus amigos o incluso tus compañeros de clase o de trabajo, ahora
gracias a Twitter pueden llegar a veinte, doscientos o dos millones
de personas.
Esto no es necesariamente
malo, todo lo contrario, compartir es vivir, pero con limitaciones.
La educación no ha ido acompañando a este monstruoso incremento en
el uso de las redes sociales. Los usuarios, en su gran mayoría, no
son conscientes del impacto que tiene la llamada privacidad del
usuario, que corresponde a sus datos personales sobretodo. Por eso,
el principal problema reside en la concienciación del usuario.
Según
los datos recogidos en la encuesta, usamos habitualmente casi dos
redes sociales diferentes por persona (1,84). De los 307 encuestados,
tan solo un 8% dice no usar ninguna red social.
De
entre los que si utilizan, las más usadas son Facebook, Twitter y
Tuenti, por ese orden, aunque también hay datos recogidos sobre
Myspace, Soundcloud, Google+, LinkedIn, Pinterest, Foursquare,
Instagram y tumblr.
- Red SocialPersonasPorcentajeFacebook22874,27%Twitter19162,21%Tuenti12641,04%Otras4414,33%Ninguna258,14%
En
el gráfico de abajo, observamos la distribución presentada en la
tabla de la página anterior.
En
el siguiente gráfico,
obtenido de la encuesta realizada para este proyecto, podemos
observar el uso de Internet por edades.
Dos tercios de los
encuestados tienen 30 años o menos, frente al tercio restante que se
reparte en partes iguales entre los 31 y 41 años y los mayores de 41
años.
En casi todos los rangos
de edad vemos porcentajes que se acercan a la realidad de la
sociedad. Los jóvenes entre 18 y 24 años, entre los que yo me
incluyo, somos los que hemos vivido más de cerca el boom de las
redes sociales y del uso de Internet. Los datos recogidos sobre los
menores de edad son escasos, y no reflejan la cantidad real de
internautas menores de edad, por un simple motivo, la complejidad de
la encuesta, dirigida a un público más adulto.
Estamos en una sociedad
fuertemente conectada a las redes sociales, pero hay un problema
subyacente. El usuario, cuando se registra en una red social, acepta
y firma un contrato, en el que se especifica cual va a ser el
tratamiento de los datos que proporcione a la misma. Pero es que es
algo que pasa con prácticamente todo, ya sean los programas que
instalamos (aceptamos una licencia cuando lo hacemos), o cuando nos
descargamos alguna aplicación para nuestro smartphone (además de la
licencia le tenemos que añadir los permisos que le otorgamos la
misma), y un largo etcétera.
Este es un pequeño fragmento del contrato que firmamos cuando nos registramos en Facebook. En él, he subrayado unas cuantas líneas que me han parecido interesantes, lo suficiente como para resaltarlas.
El contrato que firmamos
cuando nos registramos en una red social es el precio que pagamos los
usuarios por utilizar sus servicios. Las redes sociales son
gratuitas, hasta cierto punto. Si bien es cierto que no nos exigen
ninguna clase de pago por suscripción, pero las redes sociales
comercian con nuestros datos, bajo nuestro consentimiento informado.
Siempre actúan con nuestro consentimiento, de eso se encargan las
respectivas agencias de protección de datos. Esto nos puede parecer
bien o mal, pero técnicamente nadie nos obliga a registrarnos en
ellas, salvo la presión social de quedar excluido si no la usas,
algo que tiene especial influencia en los menores de edad, pero las
empresas no hacen nada ilegal, pese a la creencia popular.
El problema está en que
solo un bajo porcentaje de las personas se lee estos contratos, como
podemos observar en el siguiente gráfico, según los datos obtenidos
en la encuesta, en azul las respuestas afirmativas.
Así
mismo, preguntaba en la encuesta si sabrían donde acudir en caso de
que se hiciera un uso indebido de sus datos, y en caso afirmativo, si
sabría donde acudir. Solo un 27,69% sabría donde acudir, pero de
ese bajo porcentaje, solo el 7,82% acudiría al lugar correcto, la
agencia española de protección de datos (o cualquiera de sus
delegaciones, como la agencia vasca de protección de datos).
Como
podemos ver en los datos reflejados, el conocimiento de nuestros
derechos es más bien limitado, y más cuando hablamos de Internet.
Muy pocas personas conocen la existencia de la Agencia Española de
Protección de Datos, lo cual me lleva a pensar en que algo se está
haciendo mal. No pongo en duda su funcionalidad, pero es necesario
por parte de esta institución darse a conocer. (ver Anexo)












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